Originalmente concebida como una performance, esta obra evoluciona hacia una escultura que materializa una de las enseñanzas más significativas en la trayectoria personal y artística de Custic: la interconexión entre las personas. Laberinto de espejos humano visualiza la idea de que cada individuo es un reflejo de los demás, destacando cómo las afinidades y rechazos hacia otros son, en realidad, proyecciones de nuestra propia aceptación o rechazo interno. La pieza no solo invita a la introspección, sino que también nos enfrenta a la complejidad de las relaciones humanas en un espacio donde los límites entre lo personal y lo colectivo se diluyen.
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